Tienes la edad que marca tu DNI y, además, otra que no aparece en ningún papel: la edad biológica. Dos personas de 60 años pueden tener un cuerpo que funciona como el de alguien de 50 o como el de alguien de 70. Entender esa diferencia te permite hacer algo útil con ella. Y también te ayuda a no dejarte engañar por los tests que prometen decirte tu edad real con un pinchazo o una aplicación.
Qué es la edad biológica y en qué se diferencia de la cronológica
La edad cronológica cuenta los años desde que naciste y no se puede cambiar. La edad biológica intenta medir cómo están funcionando de verdad tus células, tus músculos y tus órganos. A diferencia de la anterior, sí puede modificarse con tus hábitos. Por eso interesa tanto: no habla de cuántos años tienes, sino de a qué ritmo estás envejeciendo.
Cómo se mide la edad biológica
Hay tres grandes familias de métodos. Los relojes epigenéticos analizan marcas químicas de tu ADN a partir de una muestra de sangre o saliva, y en los estudios predicen la mortalidad y las enfermedades mejor que la edad del DNI. Las pulseras y los relojes inteligentes calculan una "edad" a partir de datos indirectos como el sueño, el pulso y la actividad. Y luego están las pruebas físicas, como la velocidad al caminar o la fuerza de la mano.
Antes de pagar por un test, ten en cuenta dos cosas. Un estudio reciente comprobó que, aunque el análisis de laboratorio se repite con precisión, el resultado de muchos relojes cambia bastante si te mides en días distintos, según lo que hayas comido, el estrés o el estado de tus defensas. Y una revisión científica advierte de que algunos tests comerciales no publican su margen de error ni han sido validados por equipos independientes. Un dato aislado te dice poco. Te sirve más una tendencia.
La prueba más fiable la puedes hacer tú: caminar
Un metaanálisis con miles de personas mayores comparó a los cuartos más débil y más fuerte de cada prueba física. Quienes tenían menos fuerza de agarre tenían un riesgo de mortalidad 1,67 veces mayor. Quienes caminaban más despacio, 2,87 veces mayor. La velocidad al caminar es un indicador muy útil porque depende a la vez de tu corazón, tus pulmones, tus músculos y tu cerebro.
Conviene poner esto en su sitio: son promedios de grandes grupos, no una sentencia, y otros factores como la tensión arterial o el tabaco también pesan. Aun así, es una pista gratis. Elige un tramo que conozcas, cronometra cuánto tardas a tu paso normal y repítelo cada tres meses en las mismas condiciones. Fíjate en la evolución, no en un valor suelto.
¿Se puede frenar el reloj? Sí, un poco
En el ensayo CALERIE, 220 adultos sanos redujeron un 25 % sus calorías durante dos años. Su ritmo de envejecimiento medido con un reloj epigenético se frenó alrededor de un 3 %, y en otro estudio un ritmo un 3 % más lento se asociaba con un 15 % menos de riesgo de muerte. Es una pauta muy exigente, que no te recomendamos hacer por tu cuenta, pero demuestra que el ritmo no está escrito en piedra.
El ensayo DO-HEALTH siguió durante tres años a 777 personas mayores. Tomaban vitamina D, omega-3 o ambos, y algunas hacían además ejercicio en casa. El omega-3 ralentizó varios relojes unos 3 meses, y la combinación de los tres factores sumó beneficios. La vitamina D sola no alcanzó significación estadística. Además, este resultado sale de un análisis posterior a los datos del ensayo, así que es una pista prometedora, no una prueba definitiva.
Tenlo presente cuando veas un anuncio: los efectos que mide la ciencia son pequeños y llegan sumando hábitos, no tomando una sola pastilla.
Qué puedes hacer desde hoy
La Comisión Lancet sobre demencia identificó en 2024 catorce factores modificables que podrían evitar hasta un 45 % de los casos. Aunque se refiere al cerebro, sirve como lista de control. Se agrupan así:
- Depende de ti a diario: moverte, no fumar, moderar el alcohol, mantener un peso saludable, relacionarte con otras personas y cuidar tu estado de ánimo.
- Se controla con revisiones: la tensión arterial, la glucosa, el colesterol LDL, la audición y la vista.
- Depende de tu entorno, y también puedes cuidarlo: reduce tu exposición a la contaminación del aire (camina por parques y calles tranquilas); protege tu cabeza de golpes (casco en bici, y en casa buena iluminación, sin alfombras sueltas ni cables por el suelo para evitar caídas); y mantén tu mente activa aprendiendo cosas nuevas, porque la educación es uno de los factores que más protege el cerebro.
Si hace tiempo que no te haces una revisión, ese es un buen primer paso: una revisión en tu centro de salud mide justo los factores sobre los que sí sabemos qué hacer.
Qué te llevas
La edad biológica no es un número que debas pagar por conocer. Es una tendencia que puedes vigilar con pruebas sencillas y mejorar con hábitos que ya conoces. Si quieres un punto de partida, nuestro test de edad cerebral te da una estimación orientativa de cómo van tus hábitos de sueño, alimentación, ejercicio y memoria. No es un diagnóstico, pero te indica dónde poner el foco. Ante cualquier duda sobre tu salud, consulta con tu médico.
Fuentes consultadas
- Objectively measured physical capability levels and mortality: systematic review and meta-analysis (BMJ, 2010)
- Effect of long-term caloric restriction on DNA methylation measures of biological aging, ensayo CALERIE (Nature Aging)
- Individual and additive effects of vitamin D, omega-3 and exercise on DNA methylation clocks, ensayo DO-HEALTH (Nature Aging)
- Dementia prevention, intervention, and care: 2024 report of the Lancet standing Commission
- Biological versus technical reliability of epigenetic clocks (PubMed)
- Sorting science from marketing in the era of data-driven biological aging clocks
- DunedinPACE, a DNA methylation biomarker of the pace of aging (eLife)